Cansada de esperar una palabra de amor, tomo su bolso y huyó.
El viento zonda le golpeaba la cara y
sus lágrimas se marcaban a fuego, bajo el ardiente sol tropical.
Corrió un bus y subió como pudo.
Incómodo y repleto de bolsos, sudores, aves de corral.
Lloró medio viaje.
Bajó al ver caer el sol.
Entró a la polvorienta casilla y comenzó a barrer.
Salió por víveres y supo que vendrían los cosecheros.
Calentó agua para la bañera, cambió las sabanas, puso flores frescas y abrió las ventanas.
Ahora, en la puerta,
aguarda elegir varón, al verlos pasar.
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