Apoyada en el marco de la puerta de
brazos cruzados, está Marta, que lanza una mirada fulminante a su hija María
del Pilar, esperando que se acerque. Temiendo un nuevo reto, la niña camina
lento, mirando al suelo, mientras limpia sus mocos de llanto con la manga del
vestido nuevo. Por un costado, pasan corriendo unas niñas, y de fondo, suena
Pipo pescador.
Apenas se acerca, y Marta, coloca su
rostro a centímetros de la naricita de María del Pilar
-
¡No
tocas ningún regalo más, hasta que termine la fiesta! –le dice Marta zamarreándola-
¡Están todos rotos! ¿qué hiciste? – agregó.
Macarena Ansaldi, la amiguita de María
del Pilar, mira desde un rincón y muerde su sonrisa, disfrutando. Observa en
silencio, como María del Pilar, es reprendida por su madre.
Marta, haciendo que sus dedos tomen una
elasticidad increíble a los ojos de María del Pilar, sigue enumerando cuánto ha
gastado en el moño, en el vestido; y en los zapatos blancos que al final no le
entraron… y le recrimina:
-
Encima,
estuvimos toda la mañana en la peluquería, para hacerte unos rulos preciosos,
¡Divina ibas a estar!... pero no. ¡No tuviste mejor idea que –(remedando la voz
de María del Pilar) - “refrescarme en la piscina”, y claro… ¡y adiós a tus
bucles!
María del Pilar, ya no sabe cómo actuar.
El día de su cumpleaños número siete, es el día más terrible de su vida, donde todo
parece ser su culpa. Marta, su madre, camina de un lado al otro, enojada, mientras
que expresa lo exhausta que se encuentra con tantas niñas correteando por el
parque.
-
¡Te
voy a pedir que por hoy ya no…! – su sentencia hacia María del Pilar queda
interrumpida cuando suena el timbre. De pronto se abre una puerta y todas las
niñas gritan.
Marta, casi fuera de sí, se asoma por
el ventanal y automáticamente se sujeta la frente con un enorme gesto de
desolación. Por el caminito de lajas, entra su suegra, con el bolso de “quedarse
a dormir”; y con los hijos del tío Juan Eduardo.
María del Pilar, aprovecha que su madre
recibe a la abuela Elvira, e intenta salir al parque; pero su abuela, aun con
los abrigos de los niños en las manos, la mira muy sonriente, señalando que se
acerque. Abre un paquete de regalo que tiene en su mano y saca una cajita que le
da María del Pilar.
- ¡Feliz Cumpleaños! – sonríe la abuela Elvira.
- ¿Cuántos son? ¿Ocho ya? ¡…Estás tan linda MaryPily!
- ¡Siete,
abuela! – dice María del Pilar
Macarena, que está parada justo detrás
de María del Pilar, dice:
- ¡Crayones
Benvenuto! – muerde su sonrisa - ¡Qué lástima que no sabes dibujar!
La abuela de María del Pilar, mira a
Macarena muy seria, y la niña sale librada del mal momento, agregando
- Por suerte somos compañeritas de banco, ¡yo
puedo enseñarle! – y dicho esto, con su mirada va abriendo su boca, con
sorpresa, mientras señala a los hijos del tío Juan Eduardo.
María del Pilar no le da importancia al
comentario de Macarena, hasta que ve que; “esos niños del demonio”, como suele
decir Marta, corretean por toda la casa, dejando rastros de sus manos con
chocolate, en paredes y cortinas. Se percata de que la puerta de su cuarto está
abierta, y tomando la caja de crayones en el aire, dice:
- ¡Voy
a guardarlos! – y corre raudamente a su
habitación.
Macarena, que está mirando los crayones
en manos de María del Pilar, la ve correr a su cuarto, y se apresura para
entrar con ella. María del Pilar, sin notar su presencia, coloca los crayones
en el primer cajón de la cómoda. Gira sobre sus pies para regresar al salón y
se encuentra con Macarena, muy sonriente a escasos centímetros. Detrás el
bullicio, y los hijos del tío Juan Eduardo, corriendo por la casa.
María del Pilar, sujeta la manija de la
puerta, con intensión de cerrar, y le pide que salga, pero Macarena insiste en
ver la muñeca nueva. María del Pilar, siente aun en sus oídos las palabras de
su madre culpándole por algo que no hizo
- “¡No se cómo haces María del Pilar para
romper todos los juguetes! ¡No quiero ver a nadie en el cuarto mientras dure la
fiesta!, ¡ni siquiera a vos!”
Pero ante la insistencia de Macarena, trata
de que Marta, su madre, no las vea dentro del cuarto. De puntas de pie, saca la
caja de la muñeca, que está debajo de la cama y se la muestra a Macarena, sin
quitar un ojo de la puerta de la habitación.
- Vos andá, que yo la miro y la guardo rápido
–dice Macarena, mientras muerde su sonrisa.
María del Pilar sólo piensa en el enojo
de su madre y está decidida a averiguar por culpa de quién, aparecen los
regalos rotos. Sale muy despacio, y cuando cree que su madre no la ve, unas
manos la sujetan fuertemente de los hombros. María del Pilar comienza a temblar
y se da vuelta. Allí descubre los ojos de la abuela Elvira, que la mira
tiernamente, y le extiende sus brazos. María del Pilar suspira, y la abraza.
Mira hacia los lados, y ve que su madre está sacando unos platos de la mesa.
Termina por tranquilizarse, cuando ve que, desde su cuarto, Macarena sale
sigilosa, y corre a meterse al baño.
Su abuela la acaricia diciendo:
- ¿Te
gustó lo que te traje? Seguro que te va a venir bien para la escuela.
María del Pilar le sonríe, y de pronto
ve que todos los niños corren y gritan hacia donde está su hermana. Está por
comenzar a correr, y se cruza con la mirada de advertencia de su madre. Se
detiene, sintiendo la angustia de que una culpa que no fue. Camina despacio, triste,
acercándose al patio. Allí, su hermana mayor agita la piñata; y María del
Pilar, ve como todos se apresuran a ponerse debajo, extendiendo sus manos para
agarrar la mayor cantidad de juguetitos y caramelos. Macarena, llega, empujando
a todos, sin importarle nada. María del Pilar se queda detrás, triste, en un
rincón. Seca sus lágrimas y mira a todas esas niñas. En su mente, detiene el
tiempo. Las observa de pies a cabeza. Una por una. No deja de pensar. Analiza. Su
madre siempre le dice que “ella es la torpe”, ahora, “por abrir desesperada los
paquetes”, pero en verdad, María del Pilar sabe que alguien está rompiendo los
regalos, adrede. Sus regalos de cumpleaños.
Apenas unos segundos después, saca de
su bolsillo su pañuelito con hadas celestes, y seca sus lágrimas por última
vez. Muy decidida, piensa - “Esto debe solucionarse antes de que se vayan todas
mis compañeritas de primer grado “C”.
Unas niñas que la ven en el rincón, pensativa,
se acercan para invitarla a jugar, pero María del Pilar les dice que no, y se
van a las hamacas. Macarena las cruza y mirando a María del Pilar de reojo, les
pregunta - ¿Otra vez está llorando? –y sin esperar respuesta, agrega - ¡Es una
boba!
Las deja seguir y se acerca hacia donde
está María del Pilar, y mordiendo su sonrisa le dice - ¿Vamos a abrir más regalos?
- No
puedo, mi mamá me castigó. – dice María del Pilar
Macarena la toma de la mano, guiándola
hasta el patio. María del Pilar no está muy convencida, entonces su amiguita
tironea, forcejeando, y provoca que se enganche el vestido nuevo. Macarena se
agacha lentamente, mira el tajo sobre la tela del vestido de María del Pilar, y
acerca una mano a su rostro. Acomodándole el pelo detrás de la oreja, le dice:
- Ya
no estás “tan linda MaryPily”.
Sale al patio, y comienza a correr con
las demás nenas. Se detiene. La observa. Muerde su sonrisa y sigue corriendo.
De pronto, Marta, la madre de María del
Pilar, aparece en la puerta del patio llamando a gritos
- ¿Quién
es Anitaaaaa, que la vinieron a buscaaaar?
María del Pilar corre a buscar una
bolsita con caramelos, y le da a Anita a modo de agradecimiento por haber
venido. Se pone de pie, al lado de su madre, intentando que ambas tengan una
sonrisa mientras saludan. En cambio, Marta, la sujeta del hombro casi
clavándole las uñas. Mientras Anita se va, y entre dientes, le dice a María del
Pilar:
- ¿Cómo
está tu cuarto…? ¿y la muñeca que escondimos debajo de la cama?
María del Pilar abre bien los ojos,
sorprendida. Está segura que ella fue quien la vio por última vez. Hace apenas
unos minutos; y tanto el cuarto, como la muñeca, estaban bien. De pronto
recuerda ver a Macarena, saliendo sigilosa, y sonríe. Sabe que su amiga, cerró
y salió en silencio para que su madre no la vea. Todo debería estar bien. Todo
debería estar en orden.
Marta, aún con los dientes apretados,
lanza una mirada intimidatoria al resto de las niñas.
- ¡Ustedes
son de la cuadra!, ¡vayan a sus casas que se terminó la fiesta!
- ¡Pero mamá! – dice María del Pilar mientras
saltan sus lágrimas nuevamente, y Marta la mira enojada.
Macarena con su mejor cara, se acerca y
dice:
- Señora Marta, por favooooor, - haciendo un
puchero falso- ¡soy la mejor amiga de “MaryPily”! … ¿me puedo quedar a jugar un
ratito más? me parece que está triste
pobrecita – se acerca a María del Pilar y le seca una lágrima.
Marta suspira con una pequeña sonrisa
en sus labios, y mira a María del Pilar
- ¡Quedate jugando con Macarena Ansaldi! Yo voy
a la cocina, a arreglar el desastre que es ahora, tu muñeca nueva. –acaricia a Macarena
en su cabello, y con una sonrisa mira a María del Pilar y agrega – Debes elegir
bien a tus amigas, deberías ser como ella de educada.
A María del Pilar, no le cae bien la
comparación, pero al ver que su madre aprueba que se quede Macarena, se pone
contenta y la toma de la mano. Macarena se suelta como si le hubiera dado
corriente, y sale corriendo hasta el cuarto de María del Pilar. Antes de que María
del Pilar logre entrar, Macarena sale sonriente, con una caja de vajillas en
miniatura.
- ¡No!
¡Esos son de mi hermana! – dice María del Pilar
Macarena muerde su sonrisa
- ¡Vamos
a jugar a la mamá! – le dice, y corre al lavadero.
María del Pilar la sigue. Macarena pone
agua y jabón en un balde, que apoya justo en medio del barro, y juega haciendo
mucha espuma.
- Hay
que lavarlos bien, para que brillen – dice, y su rostro se pone totalmente rojo.
Mientras, los sostiene en el fondo del balde, y con sus dos manos, mira a María
del Pilar, mientras muerde su sonrisa.
Esto sucede una, dos y hasta tres veces
igual. Sumerge un platito. Su rostro se pone colorado. Saca sus manos vacías,
sonriente…
- A
ver, déjame a mí – dice María del Pilar.
- Vos
sos la del cumpleaños, ¡yo soy la invitada, tenes que dejarme jugar tranquila!
– dice Macarena muy ofuscada.
María del Pilar se queda observándola.
Presiente que algo no está bien.
Minutos después se oye a Marta:
- Macarenaaaa,
te vinieron a buscaaaaar…
Macarena para ponerse de pie, saca sus
manos del balde y sin querer las apoya en el barro. Al verse, pasa por la
cortina y se limpia rápido. Sale corriendo y sin saludar, hasta la puerta de
calle. María del Pilar va detrás para saludarla, y mete sus pies en el mismo
barro, la llama, pero Macarena no se detiene hasta salir. Mientras están
cerrando la puerta, se oye a la hermana de María del Pilar, desde el lavadero
- ¡María
del Pilar! ¿Me rompiste la vajilla miniatura?
María del Pilar se queda muda, con la
boquita abierta. Mira sus zapatos blancos embarrados, alza la vista por su
vestido roto y de pronto recuerda el olor a crayones en la mano de Macarena,
cuando le corrió el pelo detrás de la oreja, y le dijo algo que, en ese momento,
no entendió. Se queda tiesa.
Por la vereda, Macarena camina de la
mano de la mucama que vino a buscarla. Muerde su sonrisa, al escuchar lo que
ocurre en casa de María del Pilar.
FIN
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