Querido Luis:
Me parece estar viendo tu
sonrisa al saber que inicio este mail, como si fuera una carta en lápiz y
papel… “Una epístola” dirías; y agregarías “¿por correo? …no estoy agiornado
con la tecnología; no sabría cómo abrir un correo! Por favor, no me envíe nada
si no es en papel, Paolini”.
Sentí mucho saber que
estabas enfermo. La distancia que tomé hace unos años me alejó de amigos, y
conocidos. Por las redes pude comprobar que tu familia pedía oraciones por vos
y ahí supe que estabas jodido. Creo que, de todas las personas sin lazo de
sangre que más me conmovió su estado de salud, y luego su partida, fue la tuya.
Y te juro que me parece
escucharte “pero ¿si casi no nos conocíamos, Paolini?, no creo ser merecedor de
su angustia, ni su desconsuelo ante mi deceso; pero le agradezco saber que
pronunció plegarias para que me restituya… ya ve; no deben haber sido
suficientes” acompañado por el calor de una sonrisa sincera.
Así como vos te lo debes
estar preguntando, también me lo pregunté yo, y traté de hacer memoria, de
cuándo nos conocimos, y porqué este afecto. Y allí recordé que estábamos
participando de una clase, curso, taller, no sé. En el canal…, y yo, como vos, era “sapo de
otro pozo”. No éramos del lugar, y los que estaban allí, nos lo hacían notar.
Nos hablaban apenas, sólo si hacía falta, y pronunciando las “s” como si fuera
una “ye”. Era muy molesto, porque indirectamente nos discriminaban, pero vos,
que siempre fuiste tan educado, con ese tono tan amable, respondías con una sonrisa,
haciéndote el tonto. ¡Que capo Luis! Yo me hubiera ido enseguida, pero vos me
aconsejabas que no les dé bolilla, que todo pasaría pronto.
Te cuento que estuve muchos
años más allí, y no, nada cambió. Si bien me acostumbré a sus bromas, hasta el
día de hoy siguen hablándome así, “Shshshshsh, avenida de Masho, Lavashe, Sho,
la Shuvia, el Cabasho…” pero bueno, lo tomé por el lado amable, como diría el
chavo, y me la aguanté así. De todos modos, debía quedarme.
Después, tuvimos
oportunidad de encontrarnos en algún que otro evento, en donde “Sho” no sentía
que encajaba. Recuerdo que llegué a un salón enorme, donde todos se conocían.
No sé, siempre fui tímida o quizá, no tengo esa facilidad que tenías vos, que
siempre estabas en un grupo de amigos, conversando entre risas. ¡Qué gran tipo! Al verme entrar, creo que
viste a la misma que entró al curso del canal, años atrás. Enseguida te
acercaste “Paolini, venga, hágase amiga de estos compañeros de letras” … y no
sé si por mi actitud, porque a “los porte” nos miran de costado, o por la
timidez, pero sentí la misma sensación de siempre. “Shshsh…” pero no me
importó. Ya tenía tiempo viviendo en esa ciudad, y conocía, al menos a la
cuarta parte de personas que allí estaban.
Te agradecí, y al ver ese hielo entre ellos y yo, me aparté. No es
paranoia, muchos conservan tratos con las “féminas” (como dirías vos) de una
cultura prestada, del otro lado del charco… Me moví por el lugar saludando y
encontrando gente, pero me quedé observándote. Todos al escucharte hablar creo
que sentían la misma admiración que yo. Un tipo humilde y sabio, que se movía
por entre medio de las conversaciones, sugiriendo y ayudando siempre a todos.
Pero un día te moriste.
Así, sin más. Sin haber siquiera comenzado el boceto del libro que alguna vez
bromeamos escribir juntos. ¡Cuánto dolor Luis! ¡Te juro que yo recé! Y saber
que te fuiste me dejó confundida.
Llegué al punto en que ni
yo entendí por qué tanta tristeza. Tu muerte me angustió mucho, y eso me
preocupó. No compartimos un mate, ni un café, nada… apenas esperar el ingreso o
egreso de algún evento, charlando contra alguna columna, o en una fila… hasta
que realicé una profunda reflexión que me causó mucho más dolor.
Este es el motivo de este
mail. Y sí, un mail. Total, no te lo voy a poder mandar porque ya no estas, y
será lo mismo. Dejarte “una misiva escrita con tinta” o un mail por la pc, hoy
da lo mismo.
Me doy cuenta realmente,
más allá de lo que diga todo el mundo, y esta vez en carne propia. ¡Que
egoístas somos ante la muerte! Ante un
tipo tan sano y tan buena gente como vos, me causa mucha más tristeza, ¿sabes
por qué? (espero no ofenderte y que esto no te cause dolor, si es que lo podes
leer desde el más allá)
No lloro por vos. No lloro
por tu muerte. Lloro por cómo me sentía cuando nos encontrábamos. Tan
angelical, que me hacías sentir que valía la pena que yo esté en ese lugar.
(si, dije YO). Vos rompías ese hielo frente a otras personas, tratando de que
me adapte. Algo que me hubiera costado mucho, para vos era una sonrisa, una
palabra cálida.
Muchas veces cuando nos
deja un ser querido, sentimos que se fue una parte nuestra. ¡Pero qué egoísta!
...Ahora pienso, y estoy segura que tenías sueños por realizar. Veo que tenías
una familia. Tu señora se fue con vos... No sabría decir si eso es bueno o es
malo, ya que ahora lo veo desde otro punto. El del egoísmo del que se queda…
Pero tenías una vida por
vivir, tanto para hacer… No sé si pensabas volver a Italia alguna vez, escribir
otro libro, dedicarte a los nietos… no lo sé, y egoístamente nunca te lo
pregunté.
¡Perdón, desde lo más
profundo de mi corazón! Mi tristeza y mi
dolor dan vueltas entre quién era yo o como me sentía, gracias a tu
comportamiento al verme.
Ante la muerte, nos apena
la falta de la persona que nos estimulaba. Nos duele que ya no recibamos de esa
persona, toda esa energía que nos daba pilas para seguir.
¿Sabes? Sigo pensándolo, y
me siento aún más triste. Si ya no estás, físicamente, o con tus palabras de
aliento; no extraño tus palabras, sino, como me reconfortaba y me levantaba del
pozo más profundo en el que me sentía...
Gracias por tu bondad
desinteresada. Siempre ofreciendo una mano sincera. Y, por, sobre todo, en
regalarme esa sensación de pertenecer que me regalaste siempre.
Que egoístas que somos. No
nos duele la muerte, nos duele la ausencia de todo eso que nos proporcionaba
quien ya no está.
¡Un abrazo fuerte, donde
quiera que estés! ¡Estoy segura que me entendés a la perfección! Y usaré una
frase ya muy trillada, pero que cae justo. “¡Gracias por tanto! ¡Perdón por tan
poco”
Comentarios
Publicar un comentario