Ir al contenido principal

Cantryn

 


Tatiana: ¡Mamaaaá! ¡Mamaaaaaaá!

Elvira: (alzando un poco la voz) Pero ¿Qué sucede tesoro?

Tatiana: ¡Vení urgente mamaaaaaá!

Elvira: Pero Tatiana, ¡Querida! Estoy en zoom ¡en clase de yoga con el maestro Sarabi!

Tatiana: ¡Mamá vení rápido que hay una rata gigante bañándose en la piscina!

Tatiana no deja de gritar. Elvira se apresura a apagar el micrófono mientras mira hacia todos lados con desconfianza. Cierra la tapa de la laptop y corre hacia el parque colocándose su campera. Como puede, se calza las crocs. En la corrida, resbala, con la cera que Hermelinda está colocando en el piso flotante de la galería; y cae de bruces.

Tatiana: ¡Mamaaaá! ¡Apurate! ¡Llamá a alguieeeen!

Elvira se encuentra despatarrada en el suelo. Escucha los gritos de Tatiana, y estira una mano para alcanzar un diente que se le cayó en la caída. Se lo coloca, y se va poniendo de pie. Lo sostiene entre sus labios. Apresura su paso hasta llegar a unos metros de la piscina.

Allí se ve a Tatiana; una joven de unos 20 años; sobre un gran cisne rosa inflable, en medio de una amplia piscina. En el borde, junto a una de las escaleras, hay un enorme carpincho refrescándose en el agua. Se mece, haciendo una especie de baile acuático, alrededor de la escalera.

Elvira, impávida grita

Elvira: ¡Socorro Hermelinda! ¡Socorro!

Hermelinda está en cuatro patas sobre el piso flotante. A su lado tiene dos latas color marrón, y unos trapos, que moja en ellas, y frota de manera paralela a las vetas de la madera. Al escuchar los gritos de socorro de Elvira, deja el trapo en una lata y se pone de pie. Con una mano en la frente, tapa el sol, y su otro brazo en jarra.

Hermelinda: ¿Qué es lo que querés che señora?

Tatiana: ¡Sacame de acá mamá! ¡que me da un surmenage!

Elvira: ¡Hermelinda! ¿no oye? ¡Mire lo que tenemos en la piscina, por favor!, ¡Tatianita está en peligro!

Hermelinda: ¿Qué e’ lo que pasa señora Elvira? No entiendo

Elvira: ¡Hay un hámster! ¡Un hámster gigante en la piscina donde esta Tatiana!

Hermelinda: ¡Ah! (se ríe la paraguaya) - ¿eso? Ese noe un janterr señora, un carpincho e’

Elvira: ¡Bueno, lo que sea! ¿No vas a socorrerla?

Hermelinda: ¿Yo? ¿no sabe nadar su princesa luego?

Tatiana: ¡mamáaa!

Elvira: ¡Hermelinda por favor! ¡Necesito que saques a la nena de la piscina y espantes a esa rata gigante que tenemos allí!

Hermelinda: ¿y cómo quere’ que yo le haga, che señora? (muy tranquila ríe, y se acerca despacio a la piscina)

Tatiana: ¡mamáaa llamá a los bomberos, a la policía! ¡hace algo ¿querés?!

Elvira: No sé, ¡con un lazo! ¡Con una rama como si fuera una flecha! ¿Cómo hacen ustedes en tu país?

Hermelinda se traga su risa y mira muy seria a Elvira.

Hermelinda: En mi país le hacemo con huevo y harina noma’, así, tooodo en aceite caliente le fritamo todito.

Elvira: ¡Hermelindaaaa! ¡qué horror!

Tatiana: ¡mamáaa hace algo que me va a morder!

Elvira: ¡Tatiana querés dejar de gritar por favor!

Hermelinda camina despacio. Mira a Elvira fijamente; y parece tener pensamientos oscuros. Se acerca a una de las mesas que tienen sombrillas. Tatiana no para de llorar. Hermelinda saca una sombrilla y se la coloca al hombro.

Elvira: ¿una sombrilla vas a usar como flecha? ¿y la sangre?

Hermelinda: ¡deja de gritar che señora y no sea bombola quere’! 

Elvira: ¿Qué no sea qué?

Hermelinda va pasando por el borde de la piscina, mirando a un carpincho relajado, que solo parece querer disfrutar del agua fresca.

Tatiana: ¿¡me va a salpicar con la sangre mamaaaaaá!?

Hermelinda se acerca a unos metros del carpincho. Clava la sombrilla en la tierra y la abre de golpe, haciendo un fuerte ruido con la lona. El carpincho se asusta y trepa apurado por la escalera de la piscina. Hermelinda está de pie, observando tranquila. El carpincho en su huida, la mira y va desacelerando su paso. Camina por el borde de la pileta, levantando sus patitas como si el piso quemara. Llega al lado de Hermelinda, y se recuesta debajo de la sombrilla.

Hermelinda: Ahí tene’ toda para vo’ sola tu piscina che kurepa.

Elvira: Pero ¿y lo vas a dejar ahí?

Hermelinda mira su reloj pulsera, y mira a Elvira.

Hermelinda: Dale quince minutos nomá’, o veinte, que ya se va. A esta hora todita su familia de carpinchos vuelve de otros cantryn, y se van todos para el rio, soliiiiito van.

Elvira queda pasmada tapándose la boca, y acomodándose el diente.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Lobo estás?

Y ella...  de a poco construía una pared,  encerrando..., cercando...,  tapiando todas esas situaciones molestas,  que le hacían doler.  Y se fabricaba un presente distinto...,  pero poco a poco el rostro del lobo giraba,  mirándola fijamente,  y ella volvía a encontrarse  frente a esos colmillos filosos,  que no la dejarían entrar...  ni salir. Samantha Bridge

Sol Tropical (cont.)

Al día siguiente lucía una trenza,  sus mejillas estaban rosadas, y su andar era plácido... Llegó la hora de la siesta,  y todo el rancho quedó en penumbras. Descubrió su risa... imaginó sus ojos...  La separaban de allí algunos lapachos...  cinco tal vez, o diez,  y no moderó su paso. Sentía bajo sus pies el crujido de las hojas, iba mirando la senda, soltando el aliento...  Aflojando los nudos de su trenza,  soltando el lazo de su delantal,  Desabrochando un botón de la blusa... Llegó agitada,  con sus mejillas rojas,  soltando su pelo.  Se apoyó en el marco esperando verlo...

La sed de su estampa