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Como el de la marmota

 

Cada día era tan rutinario como el de la marmota… menos, ese día.

Llegué de la facultad a eso de las doce de la noche. La casa hecha un desastre y cada uno en la suya. Todos al verme, corrieron a hacer algo, para que no se note que esperaban a que lo haga yo. ¿Quién no les enseñó a tener empatía? Mamá. Ahora lo sé…

Él en su pc, como siempre… Salvo que, en esta ocasión, no tuvo mejor idea que cerrar la compu en una fracción de segundos. Y como si tuviera cinco años, poner su mejor cara de “yo no fui”.

Si hablamos de sensación física, si, se sintió como un puñal en el medio del pecho. Como si yo hubiera estado en falta, sentí que el corazón se me salía por la boca. Comencé a temblar. Dudé en acercarme, a fin de cuentas, estaba sufriendo las sensaciones por algo que solo imaginaba. “Maldita bruja” me dije en silencio; y me acerqué, a lo que continuó poniéndose de pie y ocultando la laptop con su cuerpo. ¿Acaso no era suficiente cerrarla como para quedar en evidencia que algo no estaba bien? Ni lerda ni perezosa como dice la vecina, yo necesitaba comprobar que lo mío era solo paranoia.

-      ¿Esta prendida? – le dije - Fíjate porfa que quiero ver el precio de una pc para comprar, …necesito para la facu… muchos prácticos…

Y la abrió…, y mientras él buscaba, en la aplicación de compraventa, mis ojos recorrían la barra de tareas rogando ser una loca más.

Con estupor, y aun temblando, entre los iconos acostumbrados, misteriosamente vi un globo rojo. ¿Cómo podía saber qué aplicación era esa? ¿Por qué inconscientemente había entrado en esa sensación de vértigo ante una falta ajena?... ¿Cómo poder dar un paso sin hacer “circo” y preguntar “¿qué es eso?”, o “¿qué hacías?” ... Ya había escuchado eso de “cuando estas en la facu me aburro”, y en terapia aprendí, años después, que eso también es manipulación.

¡Ilusa de mí! creí que los partos eran el dolor más grande.

Gracias a tener la paciencia de la serpiente, según el horóscopo chino, le pedí que no se preocupe y me fui a cocinar.

Por la mañana busque en internet, así, sencillo. “Aplicación con un globo rojo” ¿Qué encontré? Un juego de citas, si, de “esas citas”.

Jamás pensé que podría convertirme en alguien tan frio y calculador. Me registré. Armé mi avatar, y le puse el nombre de mina que más lo enloqueció toda la vida. “Bárbara” y por si lo dudaba, de apellido le puse “Ardiente”. De más está decir que cayó como un salame, ya que ¿Quién podría conocer mejor sus gustos, que yo, su esposa, después de tantos años? (los hombres son muy predecibles).

Le di el dulce durante un mes. Y cuando llegaba a casa y era el marido perfecto, “un amor…” Mientras, visité a mi abogado, quien se ofreció a presenciar y filmar el encuentro… y un día lo cité. Bueno, “Barbara” lo citó en un bar.

A esta altura ya me resultaba todo muy gracioso, muy “los simuladores” porque ahora la de la trampa era yo.  

Antes de ir lloré. Putée. Lo maldije. Pero allí estuve, estoica, con mi mejor cara. Me tiré el placard encima, como una idiota. Creyendo que ya no le gustaba. Después, in situ, al encontrarse acorralado, inventó miles de excusas, que él no era, le usaron la compu… y yo tenía todo registrado. Aun lo tengo.

 Más allá de que hoy lo pienso como una gracia, fue una derrota ver caer mi seguridad, y mi admiración por alguien más que no sea yo. Y lo peor, fue comprobar su propia derrota. Esa que les llega, con la crisis de los cuarenta, que se lleva la integridad de ser uno mismo.

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