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Mostrando las entradas de abril, 2022

Por bonanza.

  En un autobús quien sabe a dónde, Me subí aquella tarde, sin testigos. Bebí de aquel brebaje que mi amigo Sin temor, me dio por buen abrigo, Y sabiendo que no era de confianza, Lo clavé en mi garganta, por bonanza.   Más tarde, pisando tierra roja Me vi hecho un vestigio, y con harapos, muy grande fue mi asombro en tal terreno, con instrucciones de no irme, de ese suelo, no dudé en buscar un camarada, que me sane de mi mente obnubilada. Y en el lomo de un burro sin destino, Fui marchando bajo el sol que me abrazaba, Muchas noches y sus soles me quemaban, Más yo seguía, sin dudar, y sin rumbo fijo, Y me dejaba arrastrar por la esperanza de encontrarme una respuesta en el camino. Al llegar, vi que el cielo estaba lejos, Y que mi entorno era pobre y maloliente, Un tipejo molestaba a unas gentes, Y unos niños peleaban por hollejos, Una choza polvorienta y sin cuidado, Albergaba a enfermos cochambrosos, Unas mantas en el suelo, co...

¡No mamita!

  ¡Cada mañana barrer sus hojitas, que cubren el césped, que tanto ella cuida…! Lo trencé en árbol, cuando eran varitas… Yo solo quería una linda sombrita. Hoy reniega de su permiso, ¡Barre a diario, todo ese piso! ¡No lo cortes!, le ruego insistente, pero ella llamará a su asistente. ¡Corte estas ramas!, ¡corte estas otras! ¡Este árbol maldito, llena todo de hojas! ¡No mamita!, ¡No lo podes!, ¡él no tiene la culpa!; Solo entrega sus flores, creyendo llenarte de gozo, Mas no sabe cuál destrozo, en tu jardín él perpetra. ¡Quítenlo! ¡Sáquenlo! ¡Esto ya me exaspera! Madre querida, no tengo consuelo, Este árbol es inocente, Debo protegerlo urgente,   Y perdóneme este desaire, pero este árbol tiene en sus ramas, Un hermoso clavel del Aire.

La Matrona.

Si con un té de mirto te apaciguas, Y andas con pasos más calmados, Veras que la noche es más larga, y dormirás tranquila entre sus brazos.   Puse ajos en las puertas y ventanas, No he barrido desde ayer a la mañana, Junté cascaras de nueces y de panas, Traje algunos garbanzos, y otros yuyos, He tirado sal en pedregullos, Y convertí en manjar esa manzana.   Puse velas para el santo y la matrona, Me hinqué sobre la arena de las playas, Libré al viento esos pétalos de azahares,   Y agrupe caracolas en su almohada.   Ya verás mi niña que pronto arrullas, En tus brazos al retoño que hoy añoras, Y tu entraña albergará a un nuevo niño; Más si con ahínco tu no imploras, al hacedor de los cielos y la tierra, Ya muy tarde será si a él no clamas, Ya no querrás vivir ya en esta tierra.

Taza de corazones.

  Recibo la mañana, bajo el sol que me acaricia subyugando mi alma. En el breve instante en que abro los ojos, mi perrita me saluda, como si fuera lo único en el mundo, y eso, me hace inmensamente feliz. Intento devolverle tanto amor, mientras me visto, entonces, la acaricio y le hago mimos. Salgo al patio, miro al cielo y agradezco mientras respiro y siento la brisa de las flores de mi jardín. Emanan paz, recuerdos, sueños... Entro y preparo café, anhelando esos días en donde todo era maravilloso. Preparo mi taza, esa taza de corazones, que un día me obsequiaste, y la aprieto fuerte, junto a mi pecho, porque tenerla, es tenerte, aunque sea solo una taza, es contener, es contenerte. ¡Te extraño mucho mi corazón!

La Hormiguita y el Mono Grande. (Rosa di Cristófaro)

  A la hora de la siesta, entre mantas calentitas Nos contabas esos cuentos del mono grande y la hormiguita. Sin saberlo, en la inocencia, de nuestros sueños quedaba Esa unión, de la amada, con el mono grandulón. Zapatos bien lustrados, zoquetes con puntilla, Él con auto de tres plazas, que le prestó el patrón, luciendo un blanco shabot, y una galera reluciente, Llevaba a la hormiga al parque, para proponerle su amor. Siempre respeto y pudor, y las palabras adecuadas, Para que la proposición sea aceptada y para ello una flor. Recatada, la hormiga se ruborizaba, y en un esbozo de sonrisa, se ocultaba, tras sus largas pestañas bien rizadas. Hoy es triste no poder escuchar esas historias de amor profundo, con el sueño de ese idilio, de un amor puro y sincero, Pero como tuve el placer, de criarme con tus historias, hoy venero tu memoria, con todo el amor del mundo.  

Nana para mi Nena.

  Cuando el sueño llegue, será mi manta tu tierno abrigo, la tejeré en las tardes, cuando la parra sea testigo.   Cuando el sueño llegue, Y el atardecer haya caído, Te abrazare fuerte, Entre mis brazos, cariño mío.   Nana para mi Nena, ya no estás sola, Ya no estás sola. Te llevaré a la cama, que ya no es hora, que ya no es hora. Te arroparé con lirios, con bello aroma, con bello aroma Y tejeré tus sueños, entre amapolas, entre amapolas.   Cuando el sueño falte Te cantaré esta nana, para las penas, mi bella nena. Quitaré el llanto de tu mirada, llamaré a las hadas de los encantos.   Cuando el sueño falte Te daré leche con dulzor, Para que sueñes solo cariño mío, con el amor. Y tejeré tu pelo con finas lilas De nuestro parque, que regará la lluvia Toda la tarde, toda la tarde.   Cuando en la noche oscura, mece las ramas el loco tiempo, no tengas miedo niña, vuelve a tu cama, solo es el ...

“Flaca Andy”, el “Pollo” y “Tito”

  Hace mucho tiempo que no vuelvo a esta ciudad. Las ansias me carcomen mientras viajo en el bus que me acerca a nuestro punto de reunión. Y las ganas de encontrarme con todos aquellos, que añoré durante mi larga ausencia, ¡son inexplicables! Me siento desbordada de tantas emociones. Aun no llego, pero me imagino verlos. La “flaca” Andy, siempre tan alegre, saltando y hablando a los gritos. Seguro, al verme, me tomará de la mano y correremos hacia esos bancos de plaza. Donde nos poníamos a fumar, antes de encontrarnos con los chicos. Porque sí; y sin necesidad de que suceda algo, o nos espere alguien en la otra punta, nosotras siempre corríamos de la mano levantando con a punta de los mocasines, las piedritas de canto rodado que rodeaban la estatua de santa rosa. Desde el colegio primario, hasta terminar la secundaria, con la flaca Andy, siempre fuimos inseparables. Quizá esté “Tito” … Siempre fachero, con el pullover en la cintura, y la corbata floja. Con una sonrisa de ...

La Grasa de las Capitales

  Cada verano, así haya estudiado o no, me mandaban de castigo a Pinamar… Si, así como lo lees.   De “castigo”. Yo, de verdad quería quedarme en casa; porque así tenía más posibilidades de estar con mis amigos, y salir a algún lado. No sé, ir a la pileta o a tomar mate a la panamericana, mientras los varones jugaban a la pelota. Lo gracioso, es que algunas de mis amigas me decían - ¿a Pinamar? - …lo que no sabían era que yo en realidad iba a casa de mi hermana. No iba a salir y divertirme, solo iba a estudiar, porque me mandaban los 3 meses si, pero solo con los libros…. Ese año era especial. Me había llevado todas las materias. No cinco, o seis. Todas. Harta estaba del colegio de monjas. No pregunten… Así que bueno. Calladita, bolsito, y a subir al Antón. Y como cada año, llegar y ver la cara de mi hermana diciendo - ¿Qué haces acá?... 6am… Imagino que enseguida lo llamaba a papá y lo puteaba un poco, no sé. Nunca me enteré.        Lo copado d...

¡Abrazados a Manuel!

  No recuerdo si éramos diez o quince… o tal vez más.   Cada uno de alguna parte cercana al barrio. Boulogne, Villa Adelina, Suárez, San Isidro, Carapachay… en fin. Cada noche, después de la oficina, era cita obligada encontrarnos en algún hotel o recinto de capital, para presenciar alguna reunión o seminario. Allí nos encontrábamos todos a las siete y media, algunos llegábamos a las ocho, porque las algunas oficinas cerraban tarde… ¿Reuniones sobre qué? Se supone que “reuniones de trabajo”. Con un señor al frente de una muchedumbre, que nos hablaba sobre la meta de ser líderes. Sobre conquistar a través de la empatía a nuestros futuros clientes… Y un producto que debíamos vender, y para el cual nos aleccionaban hasta en el tipo de preguntas que debíamos hacer, y a quien sonreír al plantear el tema. Un producto con el que debíamos expresar de cuerpo entero, como nos había cambiado la vida… Y en realidad era un producto simple, un tipo de obra social, con una cuota mensua...

Camas que son dramas.

      Entre médicos y enfermeras, entre un hospital y otro, se podría decir que fue una cama, pero en realidad fueron varias, …Quizá debería haber entendido el mensaje, quizá me quisieron avisar que ya se iba… y no lo quise ver. Y así la recuerdo, en una cama, llorando de dolor, cubriéndose el rostro para que no la viera, y yo tan pequeñita, tan frágil y ausente de toda realidad; no sabía que pasaba, pero me sentía morir con ella… Un día se fue, y donde estaba su cama pusieron un cajón con su cuerpo, pero ella no estaba ahí. Me costó mucho poder volver a dormir en mi cama, sin el beso de las buenas noches de mamá. Otra cama…     No sé cuántos éramos, ni en que cama dormía yo, pero me acuerdo que, en casa, había una cama que me encantaba. En medio de la cocina, empotrada en una pared, mi papá había hecho un mueble sin manijas, ni cajones. Este se abría, para que una cama de desenrolle, y quede extendida ocupando todo el comedor. Tenía resort...

Llena de todo, menos de lo que necesito.

¿Esto vengo a sanar? Cuarenta y cinco años después aparece la misma sensación. Sola. Encerrada. Sin poder salir. ¿Motivos? Diversos. La misma sensación al saberlos llegar. La alegría, la sorpresa, el abrazo… El mismo miedo de pensar que solo vengan por obligación… El mismo dolor al despedirlos pensando, no solo que siempre puede ser la última vez, sino además, que, de golpe duele el pecho, por este inmenso dolor de volver a estar sola. Sin quererlo, solo por temas diversos, vuelvo a encontrarme en la triste soledad de estar sola. Esa soledad que a veces amo, que exijo, que venero, que disfruto. Pero una soledad amarga, porque no hay ruidos, no hay voces, no hay palabras, no hay caricias, no hay abrazos, no hay nadie. La sensación es la misma. Vuelvo a quedarme sola en un mundo lleno de todo, menos de lo que realmente necesito. Ruidos, miles de opciones, objetos, cosas, ecos, sonidos, canciones que ya no puedo volver a escuchar… Pasillos largos y huecos, con eco, con soledad...