En un autobús quien sabe a dónde, Me subí aquella tarde, sin testigos. Bebí de aquel brebaje que mi amigo Sin temor, me dio por buen abrigo, Y sabiendo que no era de confianza, Lo clavé en mi garganta, por bonanza. Más tarde, pisando tierra roja Me vi hecho un vestigio, y con harapos, muy grande fue mi asombro en tal terreno, con instrucciones de no irme, de ese suelo, no dudé en buscar un camarada, que me sane de mi mente obnubilada. Y en el lomo de un burro sin destino, Fui marchando bajo el sol que me abrazaba, Muchas noches y sus soles me quemaban, Más yo seguía, sin dudar, y sin rumbo fijo, Y me dejaba arrastrar por la esperanza de encontrarme una respuesta en el camino. Al llegar, vi que el cielo estaba lejos, Y que mi entorno era pobre y maloliente, Un tipejo molestaba a unas gentes, Y unos niños peleaban por hollejos, Una choza polvorienta y sin cuidado, Albergaba a enfermos cochambrosos, Unas mantas en el suelo, co...