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Angelus

 

Marta entra de golpe al despacho; y casi prepotente, coloca sus puños sobre el escritorio, mientras mira fijamente a la hermana Soraya que está colocando unos libros en la biblioteca.

Marta: (determinante) No estoy a gusto aquí, ya no es mi lugar.

Soraya, sorprendida, se deja caer sobre el sillón. La mira con los ojos pasmados, apenas tapando con los dedos, incrédula, con su boca abierta. Marta, intenta encontrar las palabras adecuadas.

Marta: (Justifica) Por más que traté de convencerme a mí misma, y aunque busqué en lo más profundo de mi corazón, siento que no debo estar aquí. (comienza a caminar sobre la alfombra, mientras aprieta sus puños a los lados de su cuerpo) -  Apelé a los mejores momentos vividos; y no puedo negar que fuí feliz, pero ya no siento que pertenezca a este lugar.

Soraya sigue tapándose la boca, y la ve caminar, de un lado a otros, agitando sus brazos como para tomar vuelo.

Marta:  Hablé con el señor (secándose una lágrima) -  Intenté explicarle que un techo, casa y comida, los agradezco, sí; y no puedo negar que lo necesito… Pero los servicios que brindo aquí, no son diferentes a los que brindan las demás hermanas, por lo que no soy imprescindible. (Marta se relaja en un largo suspiro, en el que toma aire para continuar) -  Él me protegió siempre, y lo agradezco mucho, ¡pero ya no quiero estar más aquí! Mi amor hacia él es muy grande, pero de la misma manera que lo amo, sé que debo amarme a mí primero. Esa fue su enseñanza.

Camina decidida, y se sirve agua de la jarra, que está en la mesita del teléfono. Bebe un sorbo y se petrifica por un segundo, mirando al vacío. Soraya niega con la cabeza, mientras sigue con la mirada cada uno de sus movimientos. Frunce el ceño, pone su cabeza de lado, mientras la observa por sobre los lentes.

Marta: No se trata de lo que no tengo, o no soy. Se trata de que me siento vacía. Lisa y llanamente vacía (cruza su mirada con Soraya) - ¡Antes mi corazón explotaba! Pero ya no me llena el alma, aunque él siempre esté conmigo ¿Cómo puedo explicarte?

(Soraya busca tocar un punto débil en Marta, para intentar convencerla)

Soraya: ¿Qué pasará con las niñas? ¿No hallaran explicación?

Marta: Las niñas deberán entender. Madurarán. Todos aquí somos aves de paso. Todos sanan. Usted también sanará, hermana Soraya.

(Le tomó las manos a Soraya, buscando comprensión)

Marta: Hace tiempo que lo vengo analizando. No es una locura que pensé hoy por la mañana. No. A mí me cuesta más que a nadie. Pero necesito pensar en mí y hacer lo que siento.

(Soraya se pone de pie, aprieta su entrecejo y se le planta con las manos en jarra)

Soraya: (firme) Yo no creo que estés tan segura, ¿A dónde pensas ir? (suplicante) - ¡será riesgoso Marta! ¿No te da miedo?

(Marta sonríe y la observa. Pálida. En una sala oscura. Sin sol. Con las manos juntas, y encorvada de tanta súplica)

Marta: ¿Miedo?  (mirando a Soraya de pies a cabeza) Tengo miedo de seguir aquí, invernando, ¡como una planta! (camina hacia la puerta y vuelve a mirarla) ¿te acordás cuando llegamos aquí? Pensábamos que sería para toda la vida.

(Soraya se recostó sobre la biblioteca y miró el techo, asintiendo)

Soraya: Me acuerdo.  Tenías una valija de color naranja, que cuando la pusiste sobre la cama, me enojé porque tenía barro en las rueditas. Vos me gritaste, y discutimos hasta casi las lágrimas (ríe) Nos dijeron que no podríamos lograrlo, y ya ves… (irónica) Tiras la toalla.

Marta: ¿Acaso no entendes que así ya no puedo? ¡Quiero poder mirarme al espejo! ¡sentirme viva Soraya! ¡Hoy el espejo me devuelve dolor! (llora) Cuando me di cuenta que mi realidad era otra, sentí que los traicionaba a todos. Pero después de mucho pensar, entendí que, quedándome, me traicionaba solo a mí.

(Soraya puso sus manos sobre su rostro para ocultar su llanto)

Soraya: No puedo convencerte, tenes muy claro todo…

Marta: (tomándola de los hombros) - ¡te escribiré contándote lo impresionante de sentir la brisa con el pelo suelto! … ¡Usar perfume y maquillarme…! Andar de tacos altos, usar polleras cortas y mostrar mis piernas… ¡Elegir qué vestido ponerme! (toma agua) Y tantos años haciendo una vida; que no me alcanzó a llenar… ¿Cómo te lo explico? (una enorme sonrisa y ojos felices) Te escribiré sentada bajo un árbol. Si, en una plaza. Te contaré como me miran… y pensarán que estoy loca, pero solo yo sabré que no siempre tuve esta libertad. …Y para tu tranquilidad, encontraré mi misión y estaré dando gracias al cielo con una sonrisa de oreja a oreja.

(Suenan unas campanas. Marta sonríe. Soraya se pone muy seria) 

Soraya: Bueno…, está bien, entonces, ¿cuándo te vas?

(Marta le da un fuerte abrazo y la sujeta por los hombros)

Marta: Cuando la madre superiora me devuelva mi documento de identidad me iré.  ¡Después del ángelus!

Soraya: ¡Soltame! (esquiva la mirada) Tratá de no volver.

Marta: Pero ¿Por qué? No entiendo

Soraya: Sos mala influencia para las niñas, este lugar ya no te quiere aquí.

(Soraya se va. Marta queda sola, en medio del despacho de la madre superiora)

 

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