Esta vez era distinto.
No se… este hombre era como yo. Sin miedo a nada. Guapo y valiente...
Y esos asquerosos, estaban cebados… se refregaban las manos y reían a las carcajadas peleándose a ver quién iba a quedarse con sus botas y su cinto; y el condenado, allí tranquilo, observaba todo con total normalidad.
Como si todo esto él lo hubiera
sabido, como si la vida le hubiera indicado en que momento justo habría de
morir; y ahora, tranquilo esperaba la hora.
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