Ir al contenido principal

Micro relatos de Anselmo, el Verdugo

 

A la hora de meter facón nunca me tembló la diestra… pero esta vez no fue fácil, porque el tipo era duro; de esos que asustan de pura estampa. Esos hombres enteros, dispuestos a dar la vida por una causa. Frio para pensar, calculador a la hora de sacar provecho y valiente a la hora de pelar el cuchillo. Y lo peor… ni se inmutó. Pese a haber estado allí, durante largo rato viendo como la vida le pasaba por su rostro..., tranquilo se resignó a su hora.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Lobo estás?

Y ella...  de a poco construía una pared,  encerrando..., cercando...,  tapiando todas esas situaciones molestas,  que le hacían doler.  Y se fabricaba un presente distinto...,  pero poco a poco el rostro del lobo giraba,  mirándola fijamente,  y ella volvía a encontrarse  frente a esos colmillos filosos,  que no la dejarían entrar...  ni salir. Samantha Bridge

Sol Tropical (cont.)

Al día siguiente lucía una trenza,  sus mejillas estaban rosadas, y su andar era plácido... Llegó la hora de la siesta,  y todo el rancho quedó en penumbras. Descubrió su risa... imaginó sus ojos...  La separaban de allí algunos lapachos...  cinco tal vez, o diez,  y no moderó su paso. Sentía bajo sus pies el crujido de las hojas, iba mirando la senda, soltando el aliento...  Aflojando los nudos de su trenza,  soltando el lazo de su delantal,  Desabrochando un botón de la blusa... Llegó agitada,  con sus mejillas rojas,  soltando su pelo.  Se apoyó en el marco esperando verlo...

La sed de su estampa