A la hora de meter
facón nunca me tembló la diestra… pero esta vez no fue fácil, porque el tipo
era duro; de esos que asustan de pura estampa. Esos hombres enteros, dispuestos
a dar la vida por una causa. Frio para pensar, calculador a la hora de sacar provecho
y valiente a la hora de pelar el cuchillo. Y lo peor… ni se inmutó. Pese a
haber estado allí, durante largo rato viendo como la vida le pasaba por su
rostro..., tranquilo se resignó a su hora.
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