Recibo la mañana, bajo el sol que me acaricia subyugando
mi alma. En el breve instante en que abro los ojos, mi perrita me saluda, como
si fuera lo único en el mundo, y eso, me hace inmensamente feliz. Intento
devolverle tanto amor, mientras me visto, entonces, la acaricio y le hago
mimos. Salgo al patio, miro al cielo y agradezco mientras respiro y siento la
brisa de las flores de mi jardín. Emanan paz, recuerdos, sueños... Entro y
preparo café, anhelando esos días en donde todo era maravilloso. Preparo mi
taza, esa taza de corazones, que un día me obsequiaste, y la aprieto fuerte,
junto a mi pecho, porque tenerla, es tenerte, aunque sea solo una taza, es
contener, es contenerte. ¡Te extraño mucho mi corazón!
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