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Llena de todo, menos de lo que necesito.




¿Esto vengo a sanar?

Cuarenta y cinco años después aparece la misma sensación. Sola. Encerrada. Sin poder salir. ¿Motivos? Diversos.

La misma sensación al saberlos llegar. La alegría, la sorpresa, el abrazo… El mismo miedo de pensar que solo vengan por obligación…

El mismo dolor al despedirlos pensando, no solo que siempre puede ser la última vez, sino además, que, de golpe duele el pecho, por este inmenso dolor de volver a estar sola. Sin quererlo, solo por temas diversos, vuelvo a encontrarme en la triste soledad de estar sola. Esa soledad que a veces amo, que exijo, que venero, que disfruto. Pero una soledad amarga, porque no hay ruidos, no hay voces, no hay palabras, no hay caricias, no hay abrazos, no hay nadie. La sensación es la misma. Vuelvo a quedarme sola en un mundo lleno de todo, menos de lo que realmente necesito.

Ruidos, miles de opciones, objetos, cosas, ecos, sonidos, canciones que ya no puedo volver a escuchar…

Pasillos largos y huecos, con eco, con soledad, con olor a dolor. Con llanto reprimido. Viendo miles de caras, todas con el mismo dolor, destierro y abandono. Un vacío inmenso de soledad que nunca pude comprender, una herida que nuca pude sanar.

Quizá, ahora entienda lo que vine a aprender a “este momento” y a “este lugar”. Pero no comprendo aun, porque en “ese momento”, “ese lugar” y a “esa edad”, tuve que padecer lo que ahora brota haciendo doler mi pecho, como si solo hubiera estado dormido.

Ya no necesito esos sentimientos, ni esas emociones. Ya no. Ahora tengo la capacidad de entender que puedo moverme, salir entrar, correr, gritar, hablar o callar. Ahora decido yo.

Hasta tengo la extraña la felicidad de saber que si quiero salgo por esa puerta y corro, y me junto con quienes más extraño, si solo están a un paso... Si están en este mundo… No como aquella vez, cuando no podía salir, no podía correr, y peor aún, no podía encontrarme, con quien ya no estaba en este mundo.

 

 Samantha Bridge - 18-04-22

 

 


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