A la hora de la siesta, entre mantas calentitas
Nos contabas esos cuentos del mono grande y la hormiguita.
Sin saberlo, en la inocencia, de nuestros sueños quedaba
Esa unión, de la amada, con el mono grandulón.
Zapatos bien lustrados, zoquetes con puntilla,
Él con auto de tres plazas, que le prestó el patrón,
luciendo un blanco shabot, y una galera reluciente,
Llevaba a la hormiga al parque, para proponerle su amor.
Siempre respeto y pudor, y las palabras adecuadas,
Para que la proposición sea aceptada y para ello una flor.
Recatada, la hormiga se ruborizaba, y en un esbozo de
sonrisa, se ocultaba,
tras sus largas pestañas bien rizadas.
Hoy es triste no poder escuchar esas historias de amor
profundo,
con el sueño de ese idilio, de un amor puro y sincero,
Pero como tuve el placer, de criarme con tus historias,
hoy venero tu memoria, con todo el amor del mundo.
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