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La Matrona.



Si con un té de mirto te apaciguas,

Y andas con pasos más calmados,

Veras que la noche es más larga,

y dormirás tranquila entre sus brazos.

 

Puse ajos en las puertas y ventanas,

No he barrido desde ayer a la mañana,

Junté cascaras de nueces y de panas,

Traje algunos garbanzos, y otros yuyos,

He tirado sal en pedregullos,

Y convertí en manjar esa manzana.

 

Puse velas para el santo y la matrona,

Me hinqué sobre la arena de las playas,

Libré al viento esos pétalos de azahares,  

Y agrupe caracolas en su almohada.

 

Ya verás mi niña que pronto arrullas,

En tus brazos al retoño que hoy añoras,

Y tu entraña albergará a un nuevo niño;

Más si con ahínco tu no imploras,

al hacedor de los cielos y la tierra,

Ya muy tarde será si a él no clamas,

Ya no querrás vivir ya en esta tierra.

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